2.- DOS GRANDES LAGUNAS
La singular conformación topográfica de la ciudad de Quito, sus quebradas, sus precipitaciones tempestuosas, su geomorfología, etc., hacen del subsuelo de nuestra ciudad algo muy heterogéneo.
El Padre Juan Bautista Aguirre, nacido en Daule (1725-1786), en su carta poco seria y muy sarcástica, escrita a su cuñado don Jerónimo Mendiola, describe así a Quito: …Es su situación tan mala, que por una y otra cuesta la una mitad se recuesta, la otra mitad se resbala; ella se sube y se cala por cerros, por quebradones, por guaicos y por rincones,…
Las crónicas del siglo XVI hablan de la existencia en Quito de dos grandes lagunas hacia el norte, las que estuvieron ubicadas en la zona actual llamada El Batán, frente a la salida hacia Tumbaco, y en el barrio llamado hoy Jipijapa, lagunas que se desaguaron por las dos abras correspondientes, donde aún existen corrientes de agua hacia el valle oriental.
“En el sector sur de la ciudad, por atrás del Panecillo, se extiende la gran llanura de Turubamba hasta sus confines con Chillogallo y donde en épocas no muy lejanas existían los últimos rezagos de otra laguna que dejó un terreno pantanoso, nombre que los incas dieron al sector, por cuanto Turubamba significa “llano de lodo”. Por lo tanto, es de suponer que si en verdad esta zona pantanosa se drenó hacia el Machángara, no llegó a completarse en forma definitiva, quedando en el subsuelo un terreno flojo como recuerdo del lecho del antiguo lago.” Ricardo Descalzi. “Escuelas que se hunden”. Diario El Comercio, 26 de abril de 1976
3.- LAS QUEBRADAS DE QUITO:
“Dicen las viejas crónicas, que para seguridad de los pocos españoles que fundaron Quito rodeados por miles de indios sometidos no de buen grado estos castellanos edificaron la ciudad en un sitio el más destemplado, difícil para un trazo y para el desarrollo de la futura Villa, entre “huaicos”, quebradillas y zanjas, como hitos naturales para la defensa, si es que estos indios, por lo demás sumisos, de pronto sintieran el coraje de su independencia hervir en su sangre”.
Casi sin excepción podríamos aseverar que la villa de Quito fue un lodazal en pendiente en los meses de invierno y un remanso de polvo en el verano, todo ello atormentado por miasmas insoportables que llenaban el aire, tanto que los primeros castellanos esbozaron y realizaron el interior de sus casa con grandes patios, para que el ambiente se purificara.
Bien podríamos señalar las barrancas que cruzaban la población en los años del primer siglo: la honda quebrada del Ulluguangayacu o de Los Gallinazos, hoy cubierta a base de arquerías conformando la avenida 24 de Mayo, la que bordeaba al “Cerro Gordo” o Panecillo, ensillada en su parte media por un puente natural utilizado por los Incas, para salir a la llanura de Turubamba. Otra de tan honda profundidad llamada de la Alcantarilla y posteriormente de El Tejar, que descendía rompiendo las actuales calles Cuenca, Benalcázar, García Moreno, Guayaquil, Venezuela y Flores, para unirse con la llamada de Rojas o las Tenerías que descendía por la calle Manabí hacia la Plazuela Marín, recibiendo la quebradilla del Suspiro en la calle Olmedo.
Esta quebrada de Rojas o de las Tenerías cruza hoy en parte el monasterio del Carmen Bajo y la platea del Teatro Sucre y si bien rellenada en la plazoleta ya indicada, corría hace menos de dos años por donde hoy se abre la avenida Pichincha” Ricardo Descalzi, “La Plaza de Armas”. Diario El Comercio, 1978.
Muchos de los inicios de las quebradas de la ciudad de Quito constan en los planos actuales. En el norte de Quito todavía se encuentran visibles algunos cauces, otros no, pero recordamos las quebradas que dividían el barrio Miraflores con la Ciudadela Universitaria, las quebradas de La Pradera, que tenían 8 a 10 metros de profundidad, y que luego en ella se construyeron grandes colectores de alcantarillado. Al respecto cabe indicar que bajo el edificio de la Alianza Francesa se encuentran los cauces de 4 quebradas que desaguan a la quebrada adyacente a la vía Interoceánica. En el sector de la Av. Colón y la Calle Almagro, existe una quebrada de alrededor de 9 metros de profundidad; parte de la Av. Tomás de Berlanga está sobre un antiguo lecho de una quebrada, etc., etc.
Si usted va a comprar un terreno o a construir en Quito, cerciórese hasta la saciedad de qué tanto estará implicado con una quebrada, ellas existen abiertas, rellenadas, azolvadas, sobre todo en el lado occidental de la ciudad, al sur, centro y norte. Busque ayuda en los planos de alcantarillado (EMAAP-Q), en los planos de la oficina de Catastros Municipales, en planos antiguos de Quito, en fotografías aéreas antiguas, como las de 1956, donde son visibles las quebradas porque no existían construcciones.
Mida “in situ” la profundidad del alcantarillado, observable en los “pozos de revisión”, mire detenidamente la integridad y o agrietamiento de las paredes de los cerramientos y construcciones vecinas; los pavimentos con asentamientos y agrietamientos con direcciones marcadas.
Las verificaciones antedichas son poco costosas y convienen ser hechas antes de ejecutar las perforaciones del estudio de Mecánica de Suelos o Geotécnicas.
4.- EL AZOLVAMIENTO DE LAS ALCANTARILLAS DE QUITO:
En los antiguos planos de la ciudad de San Francisco de Quito, como son los de Dionisio Alcedo Herrera (siglo XVIII) y Juan Pío Montúfar (Año 1805) se destacan como puntos muy importantes las “Alcantarillas” de El Tejar, Alcantarilla y Socavón de la Quebrada de Jerusalén, de lo cual se concluye que para salvar las quebradas utilizaban estructuras muy propicias al asolvamiento debido al tipo de lluvias violentas que se precipitaban sobre Quito. Una vez que la alcantarilla se asolvaba se producía el relleno de la quebrada con lodo, basuras y todo tipo de desperdicios. Las perforaciones realizadas en dos casas construidas sobre lo que fue la Quebrada de El Tejar y las excavaciones realizadas para la construcción del Parqueamiento de El Tejar, nos dieron ejemplo de las difíciles condiciones de cimentación en quebradas rellenas con fango.
5.- QUEBRADAS RELLENADAS ARTIFICIALMENTE:
En estos casos, el material se presenta muy heterogéneo, generalmente flojo e incompatible para recibir una cimentación; esto pudimos observarlo en los sondeos realizados en la Quebrada de los Gallinazos (Terminal de Buses del Cumandá), en las quebradas de La Pradera al inicio de la Vía Interoceánica, en la quebrada de El Condado, etc., etc.
Una quebrada es un dren natural que permanece como tal, aunque la hayan rellenado. El agua llegará a la exquebrada por las fronteras entre estrato y estrato de tobas, por las capas de pómez, por las grietas naturales del suelo.- El agua infiltrada, no drenada convenientemente, poco a poco tubificada (sifona, arrastra) las partículas de suelo produciendo oquedades y hasta cavernas a los pocos o muchos años, pues, depende del gradiente hidráulico. En las perforaciones para el edificio detectamos infiltraciones de agua entre los 4,50 m a los 7,65 m de profundidad.
El alcantarillado, tarde o temprano se rompe y es una fuente de agua. El alcantarillado de la urbanización El Condado, en el sector del edificio, está a 2 m de profundidad, inclusive cuando el se localiza en el relleno de la quebrada. Ya se hundió la calle que coincide con el alcantarillado y la quebrada, aguas abajo del Edificio, a unos 80 m de distancia.
6.- TRABAJOS TOPOGRÁFICOS EN EL EDIFICIO. ASENTAMIENTOS MEDIDOS. ASENTAMIENTOS TOLERABLES.
El 1ro. de mayo del 2001 se realizó la nivelación inicial de las marcas colocadas en las columnas, paredes, piso y tumbado del parqueamiento. A los 47 días, se ejecutó la primera nivelación de monitoreo notándose, sobre todo, los siguientes asentamientos de los puntos ubicados en el lindero norte:
Punto S6: 1,6 milímetros (en el piso del sótano)
Punto C9: 4,1 milímetros (en la columna)
Punto C10: 6,8 milímetros (en la columna)
Si en base de esas mediciones calculamos los asentamientos diferenciales que tan sólo en los últimos 47 días se han producido en un sector del edificio, encontraremos la razón de los agrietamientos y fisuraciones de paredes y baldosas cerámicas.
Los asentamientos diferenciales medidos en el período de 47 días entre columnas adyacentes son:
Entre C 10 y C 11 = 6,8 – 1,0 = 5,8 milímetros
Entre C 9 y C 8 = 4,1 – 0,9 = 3,2 milímetros
Los asentamientos diferenciales máximos tolerables en toda la vida de una construcción, son dados por los siguientes autores:
a. Sowers & Sowers (1970): para muros de ladrillo, máximos asentamientos diferenciales admisibles = 0,0005 a 0,002 L. Promedio = 0.00125 L
b. Instituto de Ingeniería, Universidad Nacional Autónoma de México (1977): para muros con acabados muy sensibles, máximas deformaciones diferenciales = 0.001 L
En el caso del tramo entre las columnas de C10 y C11: 0,001 L = 0,001 x 5.300 = 5.3 mm es lo máximo tolerable.
En el caso del tramo entre C9 y C8: 0,001 L = 0,001 x 5.700 mm = 5,7 mm es lo máximo tolerable en toda la vida del edificio.
7.- INVESTIGACIONES Y CONDICIONES DEL SUBSUELO EN EL EDIFICIO:
Las perforaciones que nosotros ejecutamos tuvieron por objeto conocer con mayor precisión la conformación y características geomecánicas del relleno y del subsuelo de la quebrada. En base a las curvas de nivel de la fotocopia proporcionada por la oficina de Catastros, sabíamos que la quebrada tuvo como fondo en el lindero norte, la cota 2784, es decir 16 m de profundidad en el lecho, asunto que se comprobó con la perforación P Nº 1, (Cazar).
La perforación P Nº 2 (Cazar) ejecutada para determinar la forma de la quebrada, fue localizada a 5,70 m hacia el occidente en el mismo lindero norte, la quebrada resultó ser en forma de “U”, cosa normal en estos suelos tipo toba volcánica, a donde las corrientes de agua erosionan fuertemente tanto el fondo como los lados de los cauces; el suelo natural en este sondeo apareció a 15 m de profundidad.
Si analizamos los registros con los resultados de las pruebas N (SPT) y de las correspondientes muestras, observaremos que se puede detectar el material de relleno por la presencia, aunque escasa, de granos de ladrillos, trocitos de madera y sobre todo, en el caso de la perforación P Nº 2, (Cazar) por la gran desigualdad de los resultados de penetración estándar N(SPT) debajo de los 10.0 m de profundidad a donde los mencionados valores son de 10, 9, 3, 4, 26, 34.
8.- BIBLIOGRAFÍA:
- Juan Bautista Aguirre: Obra Lírica, Editorial Casa de la Cultura Ecuatoriana – 1976
- Ricardo Descalzi: Varios artículos en el Diario El Comercio.
- Pfander Cazar: Zonificación del Subsuelo de la Ciudad de Quito – 1978.
- Pfander Cazar: Archivo de Trabajos Profesionales desde 1967.